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Día 3 de junio de 2005
En un paisaje con muchos
edificios cubierto por una capa de nubes blancas.
En un colegio, ahí estaba yo
junto a la ventana mirando el bosque que había al lado. No era un bosque común,
era perfecto. Por cierto, me llamo Laura y tengo trece años. Vivo en un barrio
que hay cerca del colegio. En mi casa todo es normal, lo digo porque las niñas
de mi clase no tienen una familia normal. Dicen que sus padres siempre están
discutiendo y que algunos hasta se han divorciado.
A los míos no les pasa eso,
si alguna vez han discutido ha sido por una tontería. Y cuando los veo discutir
me entra miedo porque no quiero que se divorcien. Mi hermana mayor tiene
dieciséis años y ella pasa de todo. No quiere saber nada de los problemas
familiares, pero se que les interesan. Mi hermana no pasa de mi, dice que cuando
papá y mamá discuten es porque cada uno tiene su opinión y nadie es perfecto. Yo
y ella nos llevamos muy bien aunque casi nunca nos veamos. Ella siempre está o
estudiando o escuchando música o ha salido con sus amigas.

La verdad es que siempre
anda muy liada y dice que me envidia al ver que yo tengo tiempo de hacer lo que
mas quiero. Yo lo que más quiero hacer siempre es dibujar, según mi profesor de
educación artística se me da muy bien. Hoy una amiga mía se viene a casa a comer
y supongo que a dormir, por eso quiero que todo sea perfecto. Los padres de
Miriam (mi amiga) se han separado, pero ella tenía dos años cuando se separaron.
Dice que prefiere que estén separados, no le hubiese gustado que se estuvieran
peleando siempre. Mi madre opina lo mismo. Ella siempre ha estado de parte de mi
hermana y mía, nunca nos ha dicho que no teníamos razón, sino que, ella pensaba
otra cosa, pero que respetaba nuestra opinión.
Es que, ahora que me doy
cuenta es con la persona que mas he estado y he compartido mis mayores secretos,
por eso la aprecio mucho, es como una amiga para mí. A mi hermana le ha pasado
lo mismo, siempre le ha contado todo hasta ahora, pero ya ni se dirigen la
palabra. Mi padre más de una vez le habrá dado algún que otro bofetón, pero por
que ha hecho algo que a mis padres no le han hecho gracia. Yo opino lo mismo, a
veces ha llegado tarde como a las doce, o como a ver traído un chico a casa. Eso
mi madre no lo consiente, dice que es muy pequeña para traer ya chicos a casa.
Y por
fin dieron las dos, nos fuimos mi amiga y yo a mi casa acompañadas de Jesús, un
niño de clase que era mi vecino.
Fuimos por el camino
comentando el examen de matemáticas, yo dije que el profesor se había pasado
poniéndonos esos ejercicios que no había que estudiar. Después de comentar lo
del examen no volvimos a hablar.
Una vez
en casa entramos, estaba mi madre preparando la comida, mi hermana en su cuarto
para variar, y mi padre poniendo la mesa.
- Hola, ya estamos aquí.
Dije yo.
- Hola Laura, hola Miriam,
subid al dormitorio y dejad las mochilas ahora os llamaremos para la comida.
Subimos arriba y nos pusimos
a hablar. Siempre han creído que no me gustaba nadie, pero si que me habían
gustado. Ya era la hora de la comida y fuimos a avisar a mi hermana.
- Julia, ya está la comida.
Dije yo.
- Vale, ahora bajo. Ella a
mi no me habla mal, al contrario dice que soy para ella como una amiga, y eso me
gusta. Miriam y yo bajamos y estaba la mesa puesta con los platos llenos, había
macarrones y a mi no me gustaban mucho, pero a Miriam les encantaban. Si mi
madre no hubiese hecho esa comida Miriam no habría venido porque en la hora de
la comida todo el mundo se preocupa cuando va a casa de alguien. Los demás se
preocupan porque piensan que la comida puede estar mala, o que no les va a
gustar, o a veces han llegado al punto de que añoraré a mi perro.
Mi hermana Julia no bajaba y
eso que a ella le encantaba la comida que hizo mi madre.
Una vez que comimos todos
nos fuimos arriba que era cuando Julia tenía pensado comer. Mis padres se
enfadaron al ver la comida fría y que Julia no había comido.
- ¿Cómo van tus padres?
- Pues, simplemente no van,
cada uno por su camino; yo de lunes a viernes estoy con mi madre, y los sábados,
domingos y festivos con mi padre.
Yo no sabía bien de que
hablar más.
- En fin, no se que mas
contarte a parte de esto…
Dijo
ella. Yo le propuse una idea.
- Nos podemos conectar, ver
quien hay, y si hay alguien de clase l contamos alguna mentira. A ella le gustó
la idea y nos cogimos una silla y nos dirigimos al ordenador de mi habitación.
- Mira está: Carmen, Luna,
Andrea, María y la otra Carmen. Ella dijo:
- Ya pero, yo no quiero
engañar a ninguna de ellas, me caen muy bien. Yo afirmé con la cabeza. Yo le
dije que iba abajo a beber agua, pero
algo
iba raro en mi casa. En el salón estaba el gato, en la cocina no había nadie y
en el baño tampoco. Subí arriba y le pregunté a mi hermana:
- Julia ¿dónde están papá y
mamá?
Ella me contestó:
- Han ido a hablar con mi
tutora, anda que el castigo que me voy a llevar…
Yo bajé a por dos vasos de
leche y algunas galletas y subí a mi cuarto.
- Ten, si quieres algo mas
me lo dices. Le dije a Miriam.
Miriam
empezó a tomar galletas y yo me puse a hacer los deberes.
Llamaron al timbre y bajé corriendo hacia abajo. Era mi padre y mi madre. Mi
padre tenía una cara de enfado increíble y mi madre estaba igual de enfadada. Me
dijeron que llamara a Julia y que bajará para abajo. Yo me fui corriendo
escalera para arriba y le dije a mi hermana:
- Julia, esto es serio papá
y mamá tienen una cara de enfado…
- Estoy acostumbrada, a ver
que charla me echan esta vez. Dijo ella tranquila. Bajo para abajo y papá la
esperaba en el salón acompañado de mamá.
- A, ver ¿qué charla toca
hoy? Dijo mi hermana en plan broma.
- Que yo sepa toca la charla
que te mereces. Sabes perfectamente de que va esta charla a si que, no te hagas
la tonta.
Mi hermana se sentó en el
sillón y mi madre me pidió que cerrara la puerta. No podía oír nada, solo pude
ver cuando abrieron la puerta a mi hermana con un billete de cincuenta euros
sonriendo. Yo le pregunté que por qué le habían dado semejante cosa y me dijo
que era por las notas que estaba sacando continuamente. Estas últimas semanas mi
hermana estaba sacando nueves. Yo le di la enhorabuena y me fui para mi cuarto
me encontré a Miriam riéndose por que Nacho me había pedido salir.
A mi hermana no le resultaba ser “superior” porque siempre la llaman
por teléfono, y siempre recibe cartas en san Valentín. Que envidia me da a mi
también. Pero, pensar que a mi me pasara lo mismo es alucinante. Miriam estaba
muy nerviosa, ella ya empezaba a estar celosa de mí. Yo le dije que no me
importaba que si estaba por mí, que me daba igual, que se buscara otra. En
realidad si que me importaba como os he dicho, pero la amistad en estos casos es
más importante. No quiero estar sola en el recreo, aunque los chicos vengan
conmigo, no sería lo mismo. Miriam ya no estaba tan nerviosa y me confesó que
por un momento estuvo celosa. Yo le dije:
- Miriam, eres mi amiga, no
tienes por qué preocuparte. Aunque, se, que ella se preocuparía. Lo se porque a
mi si me sucediera esto, estaría estallando. Ella me dijo agradecida:
- Gracias Laura, eres la
mejor amiga que una puede tener.
Nunca habría pensado que yo
fuera su mejor amiga. Yo la sonreí y seguí estudiando mientras ella seguía
coqueteando por el ordenador con Nacho. Ella sabe que Nacho pasa de ella, pero
nunca se da por vencido. Lo que si fue lo que me impresionó, fue el diez de mi
hermana colgado en la nevera encima del mío. Ahora la abuela, no me dará dinero.
Para mí eso era lo de menos, porque mi madre le comunicaba a mi abuela todos los
meses mis notas. Nunca he bajado de nueve y eso para mí no es tanto porque mis
padres, abuela y las visitas que lleguen ya pueden empezar a acostumbrarse a los
sietes u ochos. No quiero bajar de nota, pero la verdad es que nunca querido
sacar un raspado o un notable.
- Miriam, no te puedes pasar
toda la tarde hablando con Nacho, tenemos que hacer el trabajo ¿recuerdas?
- Ya lo se, no me pongas
nerviosa ahora que tengo a Nacho en el bote. Tener a alguien en el bote
significa que lo tienes a apunto de salir con el o algo de eso. El trabajo que
tenemos que hacer es de lengua, tenemos que poner las conjugaciones, los verbos,
bueno en resumen es un lío. Bajé abajo a coger más galletas por que Miriam se
las había comido todas y escuché a mi padre y a mi madre hablando.
- No quiero que Julia vuelva
a bajar de esta nota, le está dando mal ejemplo a Laura. Dijo mi madre muy
preocupada. Mi padre dijo:
- Yo creo que, tenemos que
quitarle el móvil, ¿tanto le cuesta estudiar aunque sea un poco? Yo en cuanto
escuché esto subí escalera para arriba y le dije a mi hermana nerviosa:
- ¡Julia, papá y mamá te van
a quitar el móvil si bajas de nota! Julia dijo:
- ¿Qué? No se atreverán a
quitarme el móvil, es para mí como mi tercera hermana… Yo le dije que lo
escondiera a si mamá no lo encontraría. Ella me lo agradeció y bajé para abajo a
por galletas. Papá y mamá dejaron de hablar y me dijeron que Julia llamara a la
abuela para comunicarle su diez. Y me dijeron también:
- Laura, cariño tu sabes que
nunca has bajado de nueve por eso queremos que sigas así ¿está bien? Yo afirmé
con la cabeza, abrí la despensa, cogí las galletas y me fui a mi cuarto. Miriam
aún no había dejado el ordenador.
- Miriam, deja ya el
ordenador anda y vamos a hacer el trabajo ya. Ella cerró todo menos la
conversación de Nacho.
- A ver, ¿te has traído la
cartulina no? Ella la cogió de la mochila la abrió y nos pusimos a hacer el
trabajo. De lo que no me daba cuentas era de que, Julia había salido de casa. Me
asomé a la ventana y salió sin la chaqueta y le dije:
- Julia, la chaqueta.
Afortunadamente la chaqueta estaba en mi cuarto porque mi hermana había entrado
antes a coger una cosa y la dejó ahí. Yo se la lancé y me dijo:
- Gracias peque. Ella me
llama de vez en cuando peque. A mi me gusta porque me lo dice de cariño.
Mis padres no entienden
nuestra relación, según ellos dicen que tenemos que estar siempre peleándonos,
pero ella prefiere que seamos amigas. Mi madre y yo no tenemos la misma relación
es diferente y mi hermana ya ha pasado por eso. Mi madre se cree que tenemos que
compartir todo, pero para mí, no es así. Miriam y yo acabamos el trabajo a las
ocho y le pedí a mi padre que acompañáramos a casa Miriam aunque viviera cerca
de aquí.
Llegamos y subí arriba a
cambiarme. Me fijé que Miriam no había cerrado la conversación con Nacho y
claro, era mi ordenador, y aunque fuera una falta de respeto me interesaba mucho
de que habían hablado. Ponía que, Nacho me iba a querer siempre y aunque viniera
una chica nueva u otra fuera más popular que yo, siempre iba a estar yo por
encima de todo. Ya entiendo por qué Miriam había estado con ese humor, pero no
me importó mucho de que manera me trataría de ahora en adelante. Me puse el
pijama y me fui al cuarto de mi hermana ella estaba tumbada leyendo.
- ¿Qué lees hermana? Le dije
intrigada, ella me respondió:
- Hola cariño, pasa estoy
leyendo un libro que me ha comprado papá, va de una niña que saca malas notas.
Yo me reí con ella porque ya había que estar mal para comprar a mi hermana un
libro como ese.
- Ya tienen que estar
preocupados papá y mamá para comprar un libro así. Dije yo-Y ¿a dónde has ido
antes? Dije con intriga.
- Pues había quedado con la
hermana de Miriam, tu amiga, no me cae bien pero no tenía otra cosa que hacer.
Yo le conté a mi hermana lo que sucedía entre Miriam, Nacho y yo. Ella me
explicó que un buen chico no se dejaba por nada ni por una simple amistad. Yo no
estaba tan segura, pero si lo decía mi hermana tenía que ser verdad. Ella
seguramente ha pasado por eso. Yo me fui abajo y papá se había ido a tirar la
basura. Mamá estaba preparando la cena.
- ¿Qué hay de cenar mamá?
Pregunté con hambre,
- Pues, hay ensalada para
Julia, para ti una tortilla y para papá y para mí una receta de la abuela. Yo no
quería probar la receta de la abuela, a ver si iba a estar rara o con el sabor
que yo no me esperaba. Estaba aburrida y no sabía que hacer por eso le pedí a mi
padre cuando llegó que encendiera la chimenea. Mi familia tiene mucho dinero y
tenemos una casa de lujo, pero para mi eso era lo de menos. Mi hermana Julia
tiene un montón de ropa y además es preciosa por eso cuando le viene pequeña me
la da.
Después de cenar me fui a mi
cuarto a leer, pero no podía a si que, cogí el portátil que era de todos y me
conecté. Estaba Nacho, pero no me apetecía hablar con él. Esto era un lío, no
sabía quien me gustaba, si Nacho o Víctor. No podía seguir pensando en los dos,
tenía que averiguarlo por mí misma.
Una amiga una vez me envió
un mensaje que ponía que quien era mi pareja ideal, pero yo nunca había creído
en eso. Pero eso no significaba que no lo podía intentar. Me metí en mi correo
electrónico y afortunadamente no lo había borrado, pero pensé que, lo mejor era
que me esperara hasta mañana en hacerlo. Aunque no podía dormir tenía que poner
las cosas en su sitio, eso significaba que ahora que podía hacerme popular no
podía perder el tiempo en esperar que algún tonto se declarara y yo quedarme
sola.
Intenté
dormir pero los ojos no se me cerraban a sí que apagué la luz bebí un trago de
agua y no pensé en nada. En una cosa sí, en que mañana por la mañana me pondría
a hacer lo que me mandó mi amiga…
Día 4 de junio de 2005
Me desperté con unas ojeras increíbles de no a ver dormido nada. Tenía ganas de
hacer lo del mensaje a sí que no esperé y encendí el ordenador.
Aunque no tuviera ganas de
hacer nada, tenía que saber quien era mi pareja ideal. Lo malo es, que, si salía
otro no podría decirle que sí ni a Víctor ni a Nacho. Esto era una pesadilla, no
sabía que hacer. Mis amigas aparte de Miriam no sabían nada. Nadie de mi familia
se había levantado. Mi hermana se suele levantar los sábados y domingos sobre
las once o a sí. Yo creo que es una exageración. Mis padres se suelen levantar a
esta hora porque se van a trabajar, así que mi hermana y yo nos quedaríamos
solas. Oí a alguien levantándose y no dudé en ver quien era. Eran mis padres que
se iban ya a trabajar a las ocho, les di un beso y bajé abajo a por un vaso de
leche. Mis padres no me dejan coger el ordenador tan temprano por eso tenía que
disimular un poco. Mi madre me dijo que no vendrían hasta la noche y que había
macarrones del día anterior. Yo le dije que por qué no vendrían y me dijo que
era porque estaban muy liados con el trabajo. Yo le dije que vale y me fui al
comedor a desayunar. Le hice también el desayuno a mi hermana por que qué mejor
idea era que desayunáramos juntas. Cuando mis padres se fueron yo subí arriba a
despertar a mi hermana. Ella no me regañó por haberla despertado porque me dijo
una vez que si papá y mamá se iban que la despertase. Se levantó y bajamos las
dos abajo a desayunar ella me preguntó:
- ¿Y qué tenemos para
desayunar? Yo le dije:
- Macarrones, los de ayer.
Ella puso cara de desprecio y dijo que no quería comer lo de ayer. Yo le dije:
- Pero, mamá ha dicho que
era lo que mejor podíamos comer, y vendrán por la noche por causas de trabajo.
Ella dijo que no, que ella
podría preparar otra cosa. Yo le dije que vale y que si hacía falta comprar
algo. Ella me dijo que no lo sabía, que tenía que pensar qué íbamos a comer. Mi
hermana iba a salir esta tarde con un amigo suyo, yo le dije que no quería estar
sola; y ahora que caía, el ordenador estaba arriba. Desayuné rápido y me fui
arriba, subí la persiana y cogí el ordenador. A ver, el correo, el correo, aquí
está. Primera pregunta: ¿Cómo se llama el chico qué te gusta? Yo no quería dar
nombre, una vez acabadas las preguntas, me pedía mis datos, dónde vivía,
teléfono, etcétera.
-
Yo no quiero
dar ni nombres, ni teléfonos, ni nada… Dije para mí.
-
Apagué el ordenador y lo dejé encima de la mesa. Ahora que no
quería
dar mis datos, no podría saber mi pareja ideal, pero me daba igual.
Estaba
tan concentrada en ser popular que se me olvidó lo verdaderamente importante, mi
familia. Estaba pasando algo raro en mi familia, lo notaba. Mi madre estaba muy
rara con mi padre, y mi hermana quedaba con gente extraña y yo pensado en lo que
menos me puede interesar. No podía creer lo que me pasaba. Esta tarde me
quedaría sola en mi casa, podría invitar a alguien. Cogí la agenda y vi que
tenía a gente que me interesaba. Nacho, Víctor, Lorena… Lorena es mi mejor
amiga, ella también me considera su mejor amiga. Las dos somos casi iguales. Me
esperé a que dieran las once, mi hermana Julia había salido a comprar la comida,
ya que no queríamos comer los macarrones del día anterior. Yo le pregunté a mi
hermana:
- ¿Qué vamos a comer? Le
pregunté a Julia. Ella me contestó:
- He pensado en, una
ensalada acompañada de algo ¿A ti qué te apetece?
- Pues, no sé, una ensalada
con salchichas. Ella me dijo que era buena idea., y se fue a hacer la compra.
Después de diez minutos de que se fuera mi hermana llamaron al teléfono. Era mi
madre preguntando si estábamos bien, yo le dije que sí, pero que no queríamos
comer los macarrones del día anterior y que por eso Julia se había ido a
comprar. Mi madre dijo que vale, pero que tuviéramos cuidado. Julia cocina muy
bien, creo que hasta cocina mejor que mamá.
Después de colgar cogí la
agenda y llamé a Lorena, ella no sabía quien me gustaba ni nada de lo que pasó
ayer. Lorena me dijo que esta tarde no podía quedar y me daba vergüenza llamar a
Víctor y Nacho. Pues nada, un día sola en casa.
Abrí el armario de mi
habitación y cogí la ropa y me vestí. Después de vestirme no sabía que hacer,
eran las once y media y seguramente mi hermana estaba apunto de llegar. Para no
aburrirme os voy a hablar un poco de mi hermana. Tiene novio y es guapísimo, soy
la única que lo conoce de la familia y eso es genial. Se nota que mi hermana
tiene más confianza conmigo que con mamá. Sus amigas como os dije tienen celos
hasta en el pelo que tiene mi hermana. Ella es morena, con el pelo liso, alta,
ojos marrones. Dicen que las rubias son las más guapas, pero mi hermana es más
guapa que cualquiera rubia de la calle. Mi hermana por fin llegó y se puso a
hacer la ensalada. Yo le dije que iba a casa de Paula, que ella me había llamado
diciéndome que si íbamos a algún sitio. Era verdad, yo nunca mentiría a mi
hermana. Me dejo salir, cogí dinero y las llaves de casa y me dirigí hacia el
centro comercia. Allí me esperaba Paula, entramos dentro y fuimos a algunas
tiendas. Yo quería comprarle algo a mi hermana por que dentro de poco era su
cumpleaños. En una tienda de marca vi un vestido azul precioso. Entré con Paula
y dijo que seguro que le gustaba. Mi hermana no era de estas gordas, era una
chica fina y delgada. Cogí el vestido y era de la talla de mi hermana, también
me fijé en unos zapatos que iban a juego. Esta tienda estaba de rebajas y era
perfecto. Me llegaba el dinero y hasta me sobraba. Había estado ahorrando tres
años con las recompensas de mi abuela era alucinante, a mi hermana le
encantaría. Pero aquí no acababa la compra, también quería comprarle una pulsera
de oro en al joyería. Es una pulsera que se le perdió hace dos meses y desde
entonces no ha dejado de buscarla por las tiendas. Una vez comprado todo me fui
para la casa. Paula se había quedado en el centro comercial mirando una cosa que
le gustaba. Abrí la puerta y me encontré a mi hermana con el delantal puesto.
Ella me dijo:
- Peque ¿Qué llevas ahí? Yo
le dije alegremente:
- Ya se que tu cumpleaños es
dentro de poco, pero no quería esperar, toma, es para ti. Ella fue a ver lo que
había en la bolsa. Se encontró el vestido y me dijo que era el vestido y los
zapatos más bonitos que había visto. Yo le dije que aún no acababa toda la
sorpresa, le di a cajita que contenía la pulsera cuando la abrió se puso a
llorar. Yo le dije que no llorara que era la mejor hermana que podía tener.
Corriendo se probó el vestido, yo cogí la cámara y no dudé en hacerle fotos.
- Julia, estas preciosa.
Ella me dijo contenta:
- Tu si que eres preciosa
cariño.
Me dijo que me quería y se
quitó el vestido y lo guardó. Pero no se quitó la pulsera. Después de comer se
arregló y yole pregunté:
- Julia ¿A dónde vas? Ella
me dijo:
- Con mi novio, te lo he
dicho esta mañana.
Yo le dije que vale y me fui
a ver la tele. Tenía bastante sueño pero bueno, no me importaba, nunca me ha
gustado dormir la siesta. Cuando mi hermana se fue fui a coger la cámara y
meterlas en el ordenador. Que guapa salía, lo que si quería ver era el cuarto de
mi hermana. Abrí la puerta y me encontré el armario abierto. Cuánta ropa tiene,
de verdad. Eso si que parecía una tienda de ropa. A ella la mitad de la ropa que
tenía era nueva, solo tenía una semana y todavía no la había estrenado. Ya eran
las seis y mi hermana no volvía, pero no me preocupaba ella era responsable. Lo
que si quería saber era a que hora volvían papá y mamá.
Nunca he contado a nadie una
cosa que escuché una vez, era que papá una noche volvió de jugar. Jugar
significa que se reúne con algunos “amigos” que ni siquiera los conoce. Se
reunían a apostar dinero, chales, coches y todas esas cosas caras. Mi padre era
incapaz de dejar el juego, y por eso mamá le dijo una vez que como no lo dejara
nos separábamos de el y no volveríamos a verle. Eso me preocupó porque papá y
mamá nunca habían estado peleados. Puede que hubiesen discutido por algo, pero
por nada con importancia.
A las siete, mi hermana llegó con lágrimas en los ojos. Yo estaba muy
preocupada y le pregunté que qué le pasaba, pero subió arriba sin decir una
palabra. Mi hermana llegó con varios moratones por eso no dudé en preguntarle
que qué le habían dicho, pero solo fue capaz de decirme que cerrara la puerta de
la entrada con la llave y el cerrojo. Yo la ice caso y bajé a cerrarla. Antes de
cerrar miré a ver si había alguien, pero no había nadie. ¿Con qué clase de loco
había quedado mi hermana? No podía quedarme a preguntármelo y subí arriba y no
me moví del cuarto de mi hermana hasta que no me lo contó
- Laura, tienes que tener de
ahora en adelante mucho cuidado con Pedro. Pedro es el novio de mi hermana, pero
no sabía porque lo decía.
- Pero, ¿Por qué lo dices
Julia, te ha hecho algo? Ella me contestó con miedo:
- Si, me ha pegado porque no
quería seguir manteniendo relación con él. Yo no quería seguir con el y no podía
decirle a la cara que le quería, ni podía besarle lo único que le dije, lo
último que le dije fue que lo mejor era que no nos volviésemos a ver. Yo no me
explicaba por qué. Siempre el y ella habían estado muy bien juntos y no me
imaginaba que Pedro llegara a ese punto. Mi hermana no podía ni sonreír, yo la
entendía, un chico como Pedro tan chulo y tan bruto no se merecía a mi hermana
junto a él.
Le dije a mi hermana que se
cambiara, tenía la ropa llena de barro, parecía que le habían pegado patadas. Le
vi moratones por todas partes, no podía dar crédito a mis ojos. Me dijo que papá
y mamá no se podían enterar de todo esto a si que en el baño de mi hermana me
puse a lavarle la ropa.
- Julia, ¿qué piensas hacer
ahora cuando te lo cruces por el instituto? Le pregunté preocupada con lágrimas
en los ojos. Ella me contestó:
- Pues, no lo sé Laura, pero
tu no llores cariño, no pasa nada es problema mío.
Yo le dije que sus problemas
eran mis problemas. También le dije que, lo mejor era que el domingo y el lunes
fingiera que estaba mala. Ella le pareció buena idea, pero esas lágrimas no se
le quitaban de los ojos. Yo le dije también que papá y mamá habían llamado
diciendo que en toda la noche no vendrían porque la abuela se había puesto mala
le había dicho que si podían ir a cuidarla.
- Bueno Julia, voy a hacer
la cena tu quédate aquí.
Me fijé que a mi hermana le
temblaban las piernas y las manos, no podía quedarse sola. Tenía tanto miedo que
no me atrevía a decirle que se quedara aquí. Le dije que viniera abajo a
ayudarme, pero ella decía que no tenía hambre. Como en su cuarto había tele y
tenía dos camas porque se habían venido muchas amigas suyas a dormir me dijo que
si quería dormir con ella. Yo no podía decirle que no, encendí la tele y vimos
una película, mi hermana se durmió a mitades y la arropé. Qué pena me daba. A mi
hermana nunca le había pasado algo a sí. No podía ni hablar cuando me decía
algo.
La verdad es, que nunca se me había pasado por la cabeza que Pedro hiciese una
cosa a si. Mi hermana, supongo que se lo imaginaría después de tanto tiempo
junto a él. Una vez me contó que Pedro se peleó con un chico en la calle porque
el chico sin querer le había dado. Y desde esa pelea mi hermana pensó en como
era el de otra manera. Eran las diez y todavía no tenía sueño. Mi hermana tenía
en su cuarto un ordenador, y me dijo que solo lo podía usar cuando ella
estuviera en la habitación. En el fondo de la pantalla tenía una foto con Pedro.
No lo podía ni ver a Pedro con mi hermana y por eso la quité y la eliminé.
Estaba muy preocupada cuando mis padres llegaran le verían a mi hermana los
moratones. Ella no era consciente de que tenía que decírselo a alguien. ¿Qué
podría pensar mi familia al a Julia a sí?
No había nadie conectado
salvo Miriam, que siempre estaba… Ella me saludó, pero no tenía ganas de hablar
con ella. Se me ocurrió que podía ver los vídeos que teníamos mi hermana y yo de
cuando éramos pequeñas. Éramos inseparables, siempre estábamos juntas. Julia
dice que más de una vez había querido que yo y ella tuviésemos el mismo
dormitorio, que quitasen la pared que nos separaba. Hubo un momento en el que
ella y yo no estábamos tan juntas. Y se por qué es. Era porque comenzaba la
popularidad de mi hermana. Ya eran casi las once y tenía sueño, pero llamaron al
timbre. No quise abrir porque me imaginé quién podía ser (PEDRO) No paraban de
llamar, pero no sabía qué hacer. La ventana de mi hermana no daba a la puerta de
la casa en cambio la mía si. Fui a mi cuarto a ver quien era. Mi tía Violeta y
mi prima Mª José. Violeta tiene veintiocho años y Mª José once. Violeta de vez
en cuando va con mi hermana y yo siempre voy con Mª José aunque fuera menor que
yo. Bajé abajo, abrí la puerta y pregunté que querían. Me dijeron que las llaves
se les habían quedado dentro de casa y que el cerrajero no vendría hasta el día
siguiente. Yo no les podía decir que no a si que, las dejé entrar.
Les dije que Julia ya se
había acostado y que yo ya tenía sueño. Ellas me dijeron que si podían tomar
algo, pues no habían tomado nada desde medio día.
- Coger lo que queráis, no
importa. Ellas me lo agradecieron y se dirigieron a la cocina. Yo de mientras
fui arriba a apagar el ordenador. Una vez apagado, otra vez escalera para abajo.
Estaban comiendo la ensalada que había echo mi hermana. Yo les dije:
- Mis padres no vendrán
hasta mañana a si que podéis dormir en su habitación.
Violeta me dijo que prefería
dormir en el cuarto de mi hermana. Yo le dije que no, que ahí es donde iba a
dormir yo. Por fin eligieron donde dormirían. Violeta dormiría en el cuarto de
mis padres y Mª José en mi cuarto. Me molestaba un poco que vinieran y se
alojaran aquí sin avisar. Aparte de que Julia estaba con ese cuerpo morado.Yo no
podía decirles nada de lo que había ocurrido, porque Julia no quería que nadie
supiera nada de nada excepto yo.
Día 5
de junio de 2005
Ya eran las ocho de la mañana y mis padres aún no habían vuelto. Angustiada por
los moratones de mi hermana al verla temblar y mi tía y mi prima que se podían
enterar. Le conté a mi hermana lo que sucedió a noche y ella dijo que llevaría
cuidado. Papá y mamá no llamaban y eso me ponía aún mas apurada. Tuve que
llamarles yo. Cuando cogí el teléfono, me fijé que había una llamada perdida.
Una llamada perdida significa que no había cogido. Era de la guardia Civil. Por
a intriga de saber que querían se lo dije a mi hermana. Ella no podía llamar de
los nervios que recorrían por el cuerpo. Marqué el número y llamé. Les pregunté
que porqué habían llamado ellos me dijeron:
- ¿Es la casa de Francisco
Gómez Hernández y Sonia Gutiérrez De La Vega?
- Si, ¿ha pasado algo?
–Pregunté. El me dijo:
- Está bien, ¿con quien
tengo el gusto de hablar? Yo le dije que era su hija menor. El me dijo que si
podía hablar con mi hermana y yo le dije que en estos momentos estaba ocupada.
Me explicó que, habían encontrado los cuerpos de nuestros padres, me puse a
llorar histérica. No podía contárselo a mi hermana con palabras. Habían tenido
un accidente de coche cuando se dirigían a casa. Yo le dije a mi hermana a penas
con palabras:
- Julia, mamá y papá… mamá y
papá… han tenido un accidente cuando se dirigían a casa. Julia se puso a llorar,
no por los moratones, sino porque era lo peor que no podía a ver pasado. Ella me
abrazó tan fuerte que pude sentir el dolor que tenía dentro.
Fuimos a identificar los
cuerpos. Mi tía nos llevó, ella no podía casi conducir. Le contó Julia lo que
sucedió con Pedro. Dijo que no nos preocupásemos, que ella siempre iba a estar
con nosotros. Dijo que hablaría también con la guardia Civil de lo sucedido con
Pedro. Cuando llegamos, reconocimos el cuerpo de nuestros padres me dieron ganas
de suicidarme al ver que eran ellos. La guardia civil nos dijo que si podíamos
contestar ahora a algunas preguntas, pero no podía ni hablar del dolor que me
producía al saber lo sucedido y ver a mis padres en ese estado. Un guardia me
dijo que me sentase en el borde de la ambulancia, que no iba a pasarme nada.
Julia estaba contestando a las preguntas, yo no podía decir nada. Cuando terminó
de hablar mi hermana vino corriendo y me dio un abrazo, y me dijo:
- Hermana, no pasa nada, yo
estaré siempre ahí contigo. Yo le di semejante abrazo que ella no se quejaba del
dolor de los moratones. Lo único que podía decir era: Julia, no volverá a
pasarnos nada, siempre estaremos juntas. Ni una pared nos podrá separar. Cuando
dije ni una pared, me referí a cuando mi hermana dijo que quería estar conmigo
siempre. Mis abuelos y familia iban viniendo poco a poco, y cada uno de ellos me
animaba y me decía que cuando necesitase algo que se lo dijera, que nunca me
abandonarían.
La muerte de mis padres dio
un vuelco en mi vida. Pero luché y seguí a delante. Pedro no volvió a aparecer
por la ciudad, se arrepintió de lo que hizo, lo se por la carta que recibió mi
hermana días después. Ahora tengo treinta y dos años vivo en una casa preciosa y
tengo dos hijos maravillosos. Mi hermana también se casó y casi todos los días
no vemos.
Y solo esto es un caso de
los muchos maltratos y accidentes que hay.
Hace unos
años mis padres murieron a causa de extrema velocidad. Iban tan rápidos que
chocaron contra un camión sin darse la menor cuenta. Lo que si se, es que, ahora
mismo mis padres están ahí arriba orgullosos de mí. Por haber seguido adelante y
no haberme parado ni un momento después de perderles. Les doy las gracias por
haberme educado a si. Nunca podrán reemplazar a mis padres. Gracias a las buenas
notas trabajo en una notaría. Cuando leáis esto puede que os de tristeza pero no
lloréis porque todos podemos salir a delante incluso cuando se pierde a los
seres mas queridos. Y aunque me quedase huérfana, seguí feliz porque sabía que
mis padres estarían ahí cuando mas les necesitases. Mi hermana también me ha
cogido cuando me he caído. Ahora la casa de mis padres sigue con el mismo olor
que la dejaron, con ese olor a café de las mañanas que te despierta con una
sonrisa. |