Por los Derechos Humanos en el Sáhara ocupado
Las hermanas Fatma y Manila Salek Abdessamed llegaron en patera a las costas de Fuerteventura en octubre de 1999.Éste es el testimonio que presentaron en la 25ª Confe­rencia Europea de Coordinación del Apoyo al Pueblo Saharaui, celebrada en Las Palmas en noviembre del 99.

Estamos hoy aquí ante ustedes conmovidas y esperanzadas, con la certeza de que nuestro sufrimiento no ha sido en vano, pero sí un pade­cimiento desmedido, devastador e inútil. Porque todo podría haber sido de otra forma. El destino de los seres humanos, pertenezcan a donde per­tenezcan, debería ser la conquista de una pleni­tud que finalmente convierte la madurez en algo dichoso. Como todos sabemos eso esta recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero no se cumplen. Por eso estamos hoy aquí.     

Ya no estamos en la edad de la inocencia. El tiempo brutal de vida que nos han arrebatado ha caído sobre nosotras, robándonos nuestra aún no expe­rimentada juventud. Ahora con 42 y 38 años, casi 16 años de cárcel después, seguimos erguidas por el aliento de la dignidad, la solidaridad y el conven­cimiento de nuestra causa.

Aquí y ahora queremos dar testimonio a través de nuestro caso, que es el de miles de saharauis, víctimas del genocidio en las zonas ocupada. Fuimos secuestradas en 1976 con nuestros padres, Salek y Batul, y conduci­das primero a la cárcel de Agdes y luego a la de Calat Maguna, en Marruecos, hasta el año 1991. Estas cárceles - fortificaciones pertenecen a la historia aún no escrita, por inimaginable, de la infamia y la ignominia de todas las cárceles del mundo. Torturas sistemáticas, violaciones, incomuni­cación, oscuridad, enfermedad y convivencia con los muertos, son algunas de las situaciones del horror que hemos padecido cientos de saharauis en este interminable cautiverio.

Batul, nuestra madre, murió en la cárcel de Agdes el 17 de junio de 1977. Salek, nuestro padre, murió en la cárcel de Calat Maguna el 25 de mayo de 1983. A estos muertos, todos los muertos, nuestros muertos, se les rompe la columna vertebral para cerciorarse de su muerte y para que quepan en las tumbas colectivas. Nuestros honrosos muertos ni siquiera constan en algún registro. Están desaparecidos, como si nunca hubieran nacido.

 

A mí, Manila, me esposaron los pies después de una operación de vesícula, custodiada por supuestos enfermeros que eran guardianes, por si emprendía la huida. Pero eso son detalles casi anecdóticos del tamaño de nuestro sufri­miento como pueblo. En un mismo instante de la historia universal se da la coexistencia atroz e indigerible de espacios de vida extremadamente opuestos. Esto es de todos conocido y esto es execrable e intolerable. A veinte minutos de aquí mismo. Gracias a la presión de la solidaridad internacional, de Amnistía Internacional y de las ONGs, que pudieron acceder a la información de estos hechos a través del FRENTE POLISANO, fuimos supuestamente liberadas en el año 91.

Otra cárcel más amplia y cruel nos espera­ba en El Aaiún. Cercadas, acosadas, intimidadas, interrogadas, y perseguidas sistemáticamente por las autoridades, la policía y agentes de la DST (Departamento de Defensa de los Territorios). Hemos luchado por nuestros dere­chos, junto con la población saharaui, en un territorio de alambradas, cercas, muros y minas antipersonas.

Esta otra forma de cautiverio se amplifica porque estamos viviendo en estos momentos cómo la Administración marroquí en el territorio obstaculi­za el proceso de identificación, como estrategia calculada para diluir el cuer­po electoral saharaui en el cuerno de colonos marroquí. La situación reitera­da de intransigencia, brutalidad y represión a la población saharaui, ha pro­piciado respuestas masivas de protestas en las calles del Aaiún, Smara, Tan Tan, Assa. Decenas de estos manifestantes saharauis son torturados ahora mismo en las cárceles. Los ciudadanos están cercados por el ejército, la gen­darmería, la gardmóvil y la policía marroquí Como consecuencia de ello, nosotras y nuestros tres sobrinos hemos tenido que huir en pateras, cruzan­do un mar desconocido, hasta las costas de Canarias, dejando atrás al resto de la familia en estas duras condiciones.

 

En este espacio de la solidaridad, la 25~ Conferencia Europea de Coordinación del Apoyo al Pueblo Saharaui, queremos denunciar y condenar toda esta barbarie. Queremos pedir a los medios de comunicación, a los gobiernos, las ONGs, las sociedades civiles e instituciones del mundo, una postura contundente y urgente de denuncia, de acciones diligentes a favor de los derechos humanos, de nuestros desaparecidos, nuestros presos, nuestro pueblo cercado e ilegítimamente ocupado, en las zonas usurpadas por Marruecos.